Por la variedad que ofrece, Mar del Plata es la ciudad más completa de la costa. Reúne a empresarios dispuestos a abrir la billetera con frecuencia y también a los que llegan con lo justo. Por eso, desde hace un tiempito los balnearios empezaron a convocar a los turistas según la onda y el dinero que puedan gastar.

En Playa Grande en el parador que, por sus sombrillas, tiene el nombre de una famosísima marca de bebidas gaseosas, existe una serie de reglas no escritas que le ponen un sello característico: asisten pibes cuya edad oscila entre los 18 y los 25 años; es necesario llegar caminando con conservadoras que abastezcan bebidas durante todo el día; lucir lentes espejados y utilizar ropa canchera.

Probablemente esta sea la única playa que durante la mañana luce desierta. Es que el horario de llegada -generalmente- es a partir de las 15, considerando que recién ahí empiezan a recuperarse de la dura noche de boliche. Por eso, el agua pasa prácticamente desapercibida, teniendo en cuenta que la arena es el sitio adecuado para tirar un toallón, plantar la heladerita con fernet o campari y prender el parlante, con la condición de que sólo puede escucharse la música comercial, tanto de electrónica como cumbia o reggaetón.

Los grupos generalmente son bastante amplios y cuando empieza a caer el sol el sitio colapsa y no queda un centímetro de arena libre, por lo que obligadamente comienzan a juntarse cada vez más hasta que terminan conociendo diferentes personas del sexo opuesto con serias intenciones de arreglar una salida a futuro. En medio de ese ambiente de fiesta, también aparece una cancha de vóley, que habitualmente se convierte en un escenario de “fútbol playa”.