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TEATRO

31 de octubre de 2018

EL HIJO ETERNO LLEGA ESTE DOMINGO 4 DE NOVIEMBRE AL TEATRO "LA ROSA"

El actor se luce en una obra conmovedora sobre las contradicciones de la paternidad.

Imaginar a un ser humano en todo su devenir. Toda la expectativa que significa esperar un hijo se acumula en poco más de una hora que es lo que dura El hijo eterno. Y alcanza para describir una vida entera. La de ese padre que, aún sorprendido en su pereza inicial, ve sacudidos sus cimientos de tiempo y espacio por la futura paternidad. Pero a eso se suma un hecho inesperado, impactante y determinante para la vida y el vínculo entre él y ese hijo por llegar. El niño tiene Síndrome de Down.


La obra está basada en la novela homónima del autor brasileño Cristóvão Tezza. La adaptación teatral de Bruno Lara, la mantuvo con éxito durante varias temporadas en Brasil. Aquí llega con traducción de Gabriela Rosas.

En escena, Michel Noher está solo y expuesto ante la historia y el público. El actor supera, con creces, la prueba de fuego que implica llevar adelante un monólogo, desdoblarse en varios personajes, crear climas y compartir estados de ánimo que pasan de un extremo a otro.

El abanico de emociones es inmenso e intenso. La sorpresa por la noticia, la desazón de enfrentar una responsabilidad que, se sabe, nunca tendrá fin. La ilusión, el miedo de no saber y no poder, el rechazo, la indiferencia, el enojo, la incertidumbre, la aceptación, la alegría, la ternura, el amor. Todo aquello que pasa por la cabeza y el corazón del protagonista se hacen carne en Noher. El actor logra transitar en muy poco tiempo casi una vida entera de relación filial, con los altibajos que implica, y los comunica con claridad, con verosimilitud y entrega.

El de Tezza es un texto conmovedor, desgarrado, para nada complaciente. Sin medias tintas, incluso cruel por momentos. Se mete con aspectos poco amables de la paternidad y lo hace sin temores, evitando los golpes bajos y asumiendo los grises de un rol que no se aprende, salvo ejerciéndolo.

La dirección del brasileño Daniel Herz sabe conjugar un texto potente y emotivo con una interpretación acorde. Aprovecha el espacio, las luces y la música para acotar la historia y ofrecerla al espectador como un arma de doble filo. No hay concesiones para hacerla más digerible. Como la vida, está llena de grises, dudas y ambivalencias.

El hijo eterno tiene, además, un entramado extra detrás de escena. La obra es producida por Jean Pierre Noher, padre de Michel. Y Michel, como su personaje, es padre primerizo de Antón, de un año y medio. Seguramente, estas circunstancias movilizaron la puesta y la volvieron más real y tangible.
Una vida que, un día cambia para siempre, con la llegada de otra vida.

 

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