En 1968 se realizó en Campana un seminario de teatro que venía organizado por la Subsecretaría de Cultura de la Nación y el cual estaba a cargo de prestigiosos nombres como Juan Carlos Pássaro, Flora Martínez, Adelaida Castagnino, José Pérez Ruiz.

Seguramente ninguno de ellos ni ellas imaginó entonces o después que, el año siguiente, y ante la necesidad de no interrumpir el camino que habíamos comenzado, un grupo de jóvenes, autoconvocados y entusiastas, fundamos el Centro de Experimentación Teatral, primer capítulo de lo que después fue La Comedia de Campana.

Si pensamos que el Teatro Independiente argentino lleva menos de 90 años de vida, el que nuestro grupo cumpla 50 nos estremece un poco.

Nunca nos propusimos objetivos a largo plazo, ni un repertorio prefijado, ni una línea estética determinada, ni un destino, ni una meta. Año tras año fuimos dejándonos llevar por nuestro propio deseo, sin intentar disimular sentimientos ni acallar rebeldías. Y a lo largo del tiempo tuvimos la suerte de haber recorrido la casi totalidad de las provincias argentinas, y más de la mitad de la geografía del mundo.

Una vez un Intendente de Campana nos dijo: La Comedia ... ha traído a la ciudad más embajadores extranjeros que todas las grandes empresas aquí instaladas a lo largo de toda su historia.

¡Y era cierto!

Así como una vez un amigo irlandés que nos había invitado a su casa en Dublin me manifestó emocionado que ¡jamás había pensado que iba a contar en su casa con la presencia de una embajadora!

Y se trataba de la Embajadora argentina en aquel país, que había acudido a la reunión para brindar su apoyo a la gestión que entonces estábamos realizando en Europa.

Aconteceres que quedan en la memoria junto al sentimiento de tristeza al tener que abandonar en Europa la escenografía de El Niño Travieso por no poder costear el sobrepeso, o la imposibilidad de cumplir con alguna invitación lejana por falta de recursos económicos.

Las dos caras unidas, como lo diría Atilio Betti, por un solo cuello de verdad.

Cuando en 1973 estrenamos Israfel, tuvimos la alegría de que su autor, Abelardo Castillo, nos pidiera que lleváramos su obra a San Pedro, su ciudad, donde aún no se había estrenado. Nos lo propuso sobre el escenario, en el saludo final, con la sala abarrotada de público, y en presencia de la Señora Milagros de la Vega, a quien habíamos invitado especialmente para el estreno y a quien en ese momento designábamos madrina del Grupo.

La obra fue bajada de cartel, mucho tiempo después, sin haber podido ser ofrecida al público sampedrino. Un elenco demasiado numeroso, la escenografía y el vestuario muy abultados y los bolsillos demasiado flacos se confabularon para impedirlo.

Dos caras de la misma realidad.

Muchas veces el Ministerio de Relaciones Exteriores de la Nación nos otorgó una bonita hoja membretada con el escudo nacional a la que llamaban (o aún llaman) Aval de Cancillería.

¡Muchas veces!

Esas hojas están todas guardadas como testimonios de reiteradas esperanzas de que un Estado siempre ausente nos diera alguna vez una mano.

Las dos caras de una misma moneda.

En 1998, y gracias a un subsidio otorgado por el Instituto Nacional del Teatro, pudimos abrir las puertas de nuestro Teatro del Sol. Un espacio que de inmediato se constituyó en ir y venir de artistas de todo el Mundo que lo engalanaron con su presencia.

En 2008, incapaces de sostener el pago de las cuotas que todavía se adeudaban por la compra del inmueble, ante el incumplimiento de lo prometido por el mismo INT, tuvimos que cerrar sus puertas irreversiblemente.

Las dos caras de una misma moneda.

Me quedo con la cara positiva.

Aunque tal vez la negativa sea o haya sido el precio por perseverar e insistir a ultranza en la decisión de ser independientes.

Y si es así, ¡estamos felices por haberlo pagado!

Lo más precioso es que a lo largo del tiempo siempre estuvo el grupo.

Un colectivo compuesto por muchos y muchas integrantes que fueron sumando talento, pasión, adrenalina, esfuerzo.

Nombres que somos nosotros y nosotras.

Nombres que nosotros y nosotras conocemos.

Nombres que, ojalá, también conozca el público.

Y hubo y hay también otros nombres.

Nombres que empujaron la marcha.

Amigos y amigas que por distintas razones y en diferentes circunstancias ayudaron mucho para darle continuidad en el tiempo a un proyecto que nunca se prefijó un destino ni un trayecto.

Héctor Demousselle, Raúl Bullosa, Osvaldo Dragún, Thomas Hauger, Akram Stanek, Jan Urvet, Enrique Buenaventura, Alejandro Finzi, son algunos de esos nombres.

Capítulos de una historia que vamos construyendo apilando sueños, descartando fracasos, disfrutando alegrías, sumando fragmentos.

Tal vez la mejor forma de mirar lo realizado sea intentar armar un rompecabezas donde cada pieza corresponde a un tiempo y una circunstancia. El único (o el mayor) ingrediente común es el grupo humano, dinámico y cambiante, pero estable y testarudo, que a lo largo del tiempo ha ido armando esto que ahora cumple 50 años y que desde el comienzo estuvo enrolado en el Teatro Independiente argentino.

Por eso, al pensar en nuestra historia, se me ha ocurrido contarla en forma de fragmentos a los que puede accederse a través de Internet (http://comediadecampana.com.ar/BlogCom/Fragmentos.php), y de los que seguramente aparecerán más capítulos en el futuro.

Nota: La imagen adjunta corresponde al logo de La Comedia de Campana, creado en 1973 por Julia Olivari

 

 

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